Mindfulness para entrenar las 7 habilidades de la atención plena
Las siete habilidades mindfulness: un hombre sostiene varios platos girando sobre cañas en una plaza, mientras dos leones sentados lo miran

Curso express · grabado en directo

Consigues lo que querías. Y aun así terminas peor que empezaste.

Mindfulness para entrenar las 7 habilidades de la atención plena

Tienes el silencio que querías y te has quedado sin la tarde. Llevas razón y la relación se ha enfriado. Un curso para dejar de pelearte con lo que no sale como tenía que salir: no para que te dé igual, sino para que esa pelea no te cueste lo que de verdad habías venido a buscar.

2 h 36 minNacho LuqueSin experiencia previa

¿Te suena?

Ganas la batalla. Pierdes la tarde.

Las siete de la tarde Te has guardado un rato para ti. En casa hay ruido. Pegas un grito y se hace el silencio. Objetivo cumplido. Y te pasas el resto del rato tenso, con la oreja puesta, por si vuelve a empezar.
Otra vez la habitación Desordenada. Grito. Puerta. El cuarto sigue igual, pero en casa ya hay mal ambiente para toda la tarde.
Las nueve y media Tu compañero llega tarde. Otra vez. Ya ni le hablas. Te pagan bien, aparcas en la puerta, es lo que estudiaste… y aun así vas a trabajar con un regusto amargo que no se va.
Cuando alguien te lleva la contraria Dices que sí. Para no discutir. Funciona: no hay bronca. Y al final del día te encuentras haciendo algo que no querías hacer.

Conseguiste el silencio.
Conseguiste que no hubiera bronca.
Pero no era eso lo que habías venido a buscar.

La trampa

Nadie va a una fiesta a escuchar su canción favorita

Vas a una fiesta a disfrutar de la fiesta. La música que te gusta, tu marca de ginebra… todo eso ayuda. Pero no es a lo que vas.

Tu mente funciona con una lista: para que esto salga bien, tiene que haber silencio, tiene que funcionar el ordenador, tienen que llegar puntuales. Y en cuanto falta algo de la lista, se lanza a conseguirlo. Grita, insiste, se enfada. Muchas veces lo consigue.

Pero cuanto más te empeñas en conseguir el recurso, más te alejas de lo que querías.

Querías silencio para disfrutar de la sesión. Tienes el silencio y has perdido la sesión. Querías que tu hijo fuera ordenado para estar bien con él, y lo que tienes es una guerra.

De eso va este curso. De recorrer la experiencia por otro camino. De salirte con la tuya de verdad, que no es lo mismo que llevar razón.

El consejo de siempre

«Acéptalo». «No juzgues». «Ten paciencia».

Lo has oído mil veces. Suena muy bien. Y cuando lo intentas, lo que te sale es callarte el grito y quedarte por dentro en plena ebullición.

Eso no es aceptar. Eso es resignarse. Y la resignación es una bomba con efecto retardado: no sé si saldrá esta tarde, mañana o dentro de unos meses, pero saldrá.

Aceptar no es estar de acuerdo. Es dejar de pelearte, a conciencia, con lo que no te gusta.

Por eso no basta con una palabra bonita. Aceptar, no juzgar, tener paciencia… son habilidades. Y como cualquier habilidad, se entrenan. Si te saltas las de la base, todo lo demás se queda en un mensaje de Instagram.

El mecanismo

Dolor, resistencia y sufrimiento

El ruido en casa duele. Lo que me has dicho, duele. Eso ya ha pasado y no lo puedo cambiar.

Ahí entra la resistencia: el grito, el portazo, las dos semanas sin cogerte el teléfono. Y lo que sale de multiplicar una cosa por la otra es el sufrimiento: la tarde estropeada, la relación que se enfría. Que muchas veces duele más que lo que empezó todo.

En esa cuenta solo hay una cosa que está en tu mano: la resistencia. Cuanto más pequeña la haces, más pequeño sale el resultado.

El dolor es inevitable. El sufrimiento depende de lo que hagas cuando te sientes como te sientes.

Aparcar en Triana

«Con lo que naces, mueres». ¿Seguro?

Si vienes a verme a Triana, seguramente ya te habrán contado que aparcar allí es un suplicio. Vienes con esa idea, bajas por San Jacinto, das una vuelta, das otra… y no aparcas. Creencia confirmada.

Hasta que alguien te dice: no bajes por San Jacinto. Coge la paralela, en la segunda gira, y hay una placita donde siempre hay sitio.

La primera vez piensas que ha sido suerte. La segunda, que ha sido casualidad. A la tercera o la cuarta, la creencia se desmonta. Y ya no vienes con ansiedad: vienes tranquilo.

El código genético pesa bastante menos que el código postal.

Puedes ser muy impulsivo, muy complaciente, muy de gritar… hasta que aprendes a no serlo. Pero si siempre usas el mismo recurso, te mueres usando el mismo recurso. Este curso es la paralela de San Jacinto.

Qué hay dentro

Las siete habilidades

  1. Mente de principiante. Para dejar de decir «sin silencio no se puede» antes de haberlo probado. Mirar algo que ya conoces como si fuera la primera vez, sin la etiqueta que le puso tu mente experta.
  2. Confianza. Para dejar de pensar «algo estoy haciendo mal» porque a otro le va divino. Confiar en la experiencia que tienes ahora, no en la del otro día ni en la técnica de tu vecino: las paredes de su casa no son las tuyas.
  3. Hacerlo fácil. Para dejar de gastarte en conseguir que los demás cambien. Es la famosa resistencia cero: dejar de echar a la receta el ingrediente que la amarga.
  4. No juzgar. Para que tu propia película deje de dispararte. Tu compañero no es «un impuntual»: es alguien que llega a las nueve y media, y no sabes por qué. No es lo mismo, y lo vas a notar.
  5. Aceptación. Para dejar de pelearte sin tener que darle la razón a nadie. Y la diferencia con resignarse, que es donde casi todos nos quedamos.
  6. Soltar. Para que lo que ya aceptaste no vuelva a entrar de golpe. Pasar página de verdad, sin quedarte de guardia mirando la puerta de reojo.
  7. Paciencia. Para no tirar la toalla justo antes de que llegue. No es un don: es la habilidad de posponer la recompensa. Llega seguro; lo que nadie sabe es cuándo.

Todas se apoyan unas en otras. Por eso se ven juntas: no son siete trucos, es una forma distinta de relacionarte con lo que te pasa.

Una frase que no es mía

Cerrar la puerta sin echarle el pestillo

Una chica a la que acompañaba en sesiones individuales lo dijo mejor que yo. Aceptar, decía, es cerrar la puerta a lo que no te gusta. Pero si le echas el pestillo, cada vez que la puerta se abre, todo vuelve a entrar de golpe.

Lo que hay que aprender es a vivir tranquila aunque esa puerta no tenga cerradura.

Eso es soltar. No es olvidar. Es dejar de estar enganchado a lo que pasó, para no tener que seguir vigilando la puerta con el rabillo del ojo.

La práctica

Una meditación con los micrófonos abiertos

Al final de la clase hicimos justo lo contrario de lo que se suele hacer para meditar: en vez de buscar silencio, pedí a todo el grupo que abriera el micrófono. Con el ruido de cada casa colándose.

AntesTe pones una nota del 0 al 10: cuánta satisfacción tienes ahora mismo.
DuranteNada de respiración. El ancla son los sonidos: ponerles nombre y contar cuántos distintos eres capaz de oír.
Al salirOtra nota del 0 al 10. ¿Ha subido, se ha quedado igual, ha bajado?

Salieron un móvil, gatos, perros, coches, motos, vecinos hablando, una chapa golpeada por el viento, la caldera… y el camión de la basura. Todo lo que, para una meditación «como Dios manda», es inadecuado. Y la mayoría dijo que su nota había subido.

El camión de la basura no cambió. Cambió la etiqueta que le pones. Cámbialo por el compañero que llega tarde, el cliente que dice que no o lo que te estés contando estos días.

Lo que haces después

Un folio en blanco

1Elige una situación de tu vida que ahora mismo te deje un sabor amargo.
2Escribe cómo tendría que ser para que fuera perfecta, como una lista.
3Marca lo que sí está. Quédate con lo que no.
4Pregúntate qué haces cuando eso no está, por qué lo haces y qué te impide aceptarlo.

A veces descubres que lo que te enfada no es el desorden de la habitación. Es la preocupación de que a tu hijo no le vaya bien en la vida. Y eso ya es otra conversación.

Antes de decidir

Para quién es, y para quién no

Es para ti si…

  • Consigues lo que querías a base de pelearlo, y terminas agotado o de mal humor.
  • Gritas, cedes o te enfadas «porque funciona», aunque luego te arrepientas.
  • Te han dicho mil veces que aceptes y lo único que te sale es aguantarte.
  • Nunca has meditado: si esta fuera tu primera clase, sería una formación en toda regla.
  • Ya practicas y quieres ver encajadas las piezas que llevas tiempo trabajando.

No es para ti si…

  • Buscas una técnica que funcione igual para todo el mundo: aquí se construye tu propia estrategia.
  • Esperas que el curso consiga que los demás cambien.
  • Quieres resultados para el lunes: la paciencia también es una de las siete.

Aceptar no es estar de acuerdo ni quedarte ante lo que te hace daño. Si algo se puede cambiar, se cambia. Este curso va de lo que no puedes cambiar.

Nacho Luque

Quién te lo cuenta

Soy Nacho Luque

Llevo doce años dando clase de mindfulness. Por mis cursos han pasado más de 4.000 personas.

Mi discurso es siempre el mismo, y lo digo sin vergüenza: el mindfulness te ayuda a relacionarte con el día a día de una manera distinta a como lo estás haciendo. Porque si lo de siempre funcionara, no estarías leyendo esto.

Este curso lo grabé en directo, con un grupo que preguntaba, ponía sus casos sobre la mesa y me obligaba a bajar cada habilidad a su trabajo, a su casa y a sus clientes. Por eso dura lo que dura: no es una charla, es una sesión de trabajo.

¿Cuántas tardes te ha costado ya llevar razón?

Elige cómo verlo

Dos formas de entrar

La que te recomiendo

El Club de Mindfulness

15 € al mes
  • Este curso, entero, si entras antes del 1 de enero de 2027.
  • Las meditaciones y los directos del Club.
  • Tu cuota se acumula como saldo a tu favor para retiros, encuentros y cursos.
Entrar al Club por 15 €

Sin permanencia. Cancelas cuando quieras.
Desde el 1 de enero de 2027, a cada socio nuevo le entran los cursos express que se graben a partir de su alta; los anteriores, como este, se compran sueltos.

Solo este curso

9 € una vez
  • La grabación completa del curso: 2 h 36 min.
  • Para verla a tu ritmo, cuando te venga bien.
Comprar solo este curso por 9 €

Preguntas

¿Es en directo?

No. Es la grabación de una sesión que di en directo: 2 horas y 36 minutos de trabajo con un grupo, con sus preguntas y sus casos. La ves cuando quieras.

¿Necesito haber meditado antes?

No. Si fuera tu primera clase, sería una formación en toda regla. Y si ya llevas tiempo, te sonará a recopilación: las piezas que has ido trabajando, encajadas.

¿Aceptar no es resignarse?

No, y es justo una de las cosas que más se trabajan. Resignarte es callarte el grito y seguir hirviendo por dentro. Aceptar es dejar de pelearte con lo que no puedes cambiar, aunque sigas sin estar de acuerdo.

¿Me vas a dar técnicas?

No soy muy de técnicas: lo que a mí me funciona en mi casa puede no funcionarte en la tuya. Lo que te llevas es una estrategia, la tuya, y las siete habilidades para construirla.

¿Qué diferencia hay entre el Club y comprarlo suelto?

Suelto tienes este curso. En el Club lo tienes junto con las meditaciones y los directos del Club, por 15 € al mes, sin permanencia y con tu cuota acumulándose como saldo a tu favor.

La próxima vez que algo no sea como tenía que ser

Vas a notar el impulso de siempre: el grito, el portazo, el «sí» que no querías decir, el silencio de dos semanas.

Esta vez puedes hacerte otra pregunta antes: ¿a qué había venido yo aquí?

Puedes seguir intentando que el mundo cumpla tu lista: silencio, puntualidad, que todos hagan lo que tienen que hacer. O puedes aprender a disfrutar de la fiesta aunque no suene tu canción.

No vas a la fiesta a escuchar tu canción. Vas a disfrutar de la fiesta.

Esto es para socios del Club

Y algo que casi nadie sabe: la cuota se te acumula como saldo a tu favor, y puedes gastarlo en retiros, encuentros y cursos. No es un gasto que se evapora cada mes.

Hazme socio — 15 €/mes