Curso express · grabado en directo
Llevas horas removiendo el agua. Y la moneda sigue sin verse.
Mindfulness para gestionar tus zonas de control
Un curso para dejar de gastar tu energía en lo que no depende de ti, y ponerla, entera, en lo que sí. No para que todo te dé igual: para que sepas dónde empujar.
¿Te suena?
Haces algo. Funciona. Y aun así te quedas con mal sabor.
No es que no te esfuerces.
Es que pones el esfuerzo donde no puede servir:
en lo que no depende de ti.
Un fin de semana en la playa
La habitación era la mitad que en las fotos.
Un amigo mío, David, llevaba tiempo con ganas de ir a un hotel de playa. Justo al salir de la pandemia, en cuanto se pudo viajar, se llevó allí a su familia para celebrarlo.
En las fotos panorámicas de la web, la habitación parecía enorme. Al llegar era muy chiquita. Para él, eso era que le habían engañado. Y se pasó el fin de semana entero agobiado, amargado y enfadado.
A la vuelta le pregunté qué le habría gustado. «Que la habitación fuera como en el anuncio». ¿Eso era posible? No. Y enfadarse, ¿le ayudaba a resolverlo? Tampoco. Resultado: el problema sin resolver… y él enfadado en la playa con su familia.
¿Te fuiste a la playa a disfrutar de una habitación o a disfrutar de tu familia?
Tenía tres opciones: volverse a Sevilla, pasar el fin de semana enfadado o disfrutar de su familia en una habitación que no le gustaba. No había más. De eso va este curso: de ver a tiempo cuál de las tres estás eligiendo.
Lo que solemos hacer
Insistir más fuerte no es un plan.
Imagina que se te cae una moneda en una fuente. Metes la mano a por ella y remueves el fondo. Cuanto más deprisa intentas verla, más turbia se pone el agua.
Si removiendo la recuperas, perfecto: problema resuelto. Pero si no, insistir no hace que la moneda aparezca. Solo te deja empapado y cansado.
Si lo que haces para resolver un problema no te funciona, deja de hacerlo.
Parar deja que el agua se asiente. Y con el agua quieta ves la moneda… y ves que había otra forma de sacarla. Eso vale para el enfado, para la rumiación y para esa manía de querer tenerlo todo bajo control.
Lo que vas a entender
Hoy no va a nevar en Sevilla. Y no te inquieta lo más mínimo.
Nadie se pasa la tarde frustrado porque hoy no nieve en Sevilla. ¿Por qué? Porque tu cerebro sabe que es imposible, y cuando lo sabe deja de luchar solo, sin que te cueste nada.
El problema son las cosas que tu mente todavía no da por imposibles: el pasado, cómo se comporta otra persona, lo que ya pasó. Ahí viven los famosos «y si hubiera…». Cada minuto que pasas peleándote con lo del jueves es un minuto que no usas para resolver lo del lunes.
Entre lo que controlas y lo que no, hay una tercera zona: la de influencia. Es la más peligrosa, porque como tu conducta importa, la mente se cree que el resultado también te pertenece. Y es la más interesante, porque cuando entiendes cómo funciona, te ahorras muchísimas peleas.
El mecanismo
Tres preguntas que ponen orden
Empiezas por la más simple, que no lo es tanto: ¿qué me gustaría que ocurriera? Muchas veces descubres que estabas recuperando la moneda equivocada.
Después: ¿es posible ahora? Si no lo es, está en tu zona de no control: lo que toca es dejar de pelear. Si es posible, ¿lo tengo garantizado? Si sí, es tuyo: hazlo ya. Si no, estás en tu zona de influencia.
Y en la influencia, el truco es darte la vuelta. Yo no puedo controlar que practiques este mes. Pero sí puedo darte buen material y motivarte. Eso depende solo de mí. Influir es centrarte en tu parte, no en la del otro.
Lo mismo con algo tan tonto como la punta del rotulador con el que escribo en la pizarra: es muy frágil y una vez se me rompió en pleno directo. ¿Me preocupa que vuelva a pasar? Nada. Tengo una bolsa llena de puntas. El problema está resuelto por adelantado.
Un caso real
No le faltaba hablar en público. Le faltaba un ingrediente.
Un chico vino a verme porque le habían ascendido y ahora tenía que dar conferencias ante auditorios grandes. Decía que no sabía hablar en público, y la primera era en un par de semanas.
Le pedí que cerrara los ojos e imaginara a alguien que habla en público a la perfección, y que me lo describiera. Manos en el atril, mirada repartida por la sala, habla despacio, va elegante. Lo fui apuntando. Luego repasamos la lista: todo eso ya lo sabía hacer.
Repetimos la visualización. De pronto abrió los ojos: «Está tranquilo. Está relajado. Eso es lo que a mí me falta».
No tenía que aprender a hablar en público. Tenía que aprender a relajarse.
Así que en esas dos semanas no le enseñé a hablar en público: nos centramos en aprender a relajarse. Y esa pieza le sirve igual para un avión o para delegar trabajo.
Qué hay dentro
Lo que vas a aprender
- La moneda y el agua turbia. Detectar cuándo tu forma de resolver un problema lo está complicando.
- ¿Qué quieres de verdad? Que se calle o que aprenda. Que llegue a su hora o esperar sin arruinar la tarde. No es lo mismo.
- Tres tiempos, tres problemas. Que no se haya caído la moneda, recuperarla, o que no vuelva a caerse. Por qué mezclarlos te deja sin salida.
- El mapa de las tres zonas. Control, influencia y no control, y la respuesta que pide cada una.
- Las tres preguntas. ¿Es posible ahora? ¿Lo tengo garantizado? ¿Qué depende de mí?
- Una bola, no cinco. Si intentas atrapar cinco a la vez, igual no coges ninguna.
- El ingrediente que falta. Convertir «tengo que cambiar entero» en una habilidad concreta que se entrena.
- Reflexionar no es rumiar. Las dos le dan vueltas a un problema; solo una lo mira desde fuera y termina en una decisión.
- Meditar como simulacro de la vida. Una práctica sencilla para entrenar dónde pones tu atención.
La práctica
Contar del 21 al cero. Sin pelearte.
Te sientas, cierras los ojos y cuentas respiraciones hacia atrás, desde el 21. Pensamientos, ruidos, molestias: todo eso aparecerá. Es la zona de no control de la práctica.
Tu zona de control es volver al siguiente número sin pelea. Si pierdes la cuenta, empiezas otra vez. Llegar a cero no es el objetivo. El objetivo es terminar con un saborcillo dulzón.
Una vez, al acabar, pregunté qué tal había ido. Una alumna me dijo: «¡Fantástico! No he pasado del 26». Le recordé que se empezaba en el 21. Daba igual: había salido con el saborcillo dulzón. Eso era lo importante.
Es un simulacro: hay situaciones de las que no puedes salir. Aquí aprendes a convivir con ellas sin dejarte arrastrar.
Lo que haces después
Siete días. Un cuaderno. Una situación al día.
Nada de ir a por el gran temazo de tu vida. Eliges algo cotidiano que te toque un poco las narices y lo apuntas en frío, cuando ya puedes mirarlo con algo de distancia.
Al principio lo haces en frío y a posteriori. Con la repetición, las preguntas llegan antes: cuando el agua todavía no se ha enturbiado.
Antes de decidir
Para quién es, y para quién no
Es para ti si…
- Le das vueltas a lo que ya pasó: «tendría que haber dicho», «y si hubiera hecho».
- Te desgastas intentando que otros cambien: tu jefe, tu hijo, el impuntual de turno.
- Haces cosas que funcionan en el momento, pero te dejan peor sabor de boca.
- Necesitas tenerlo todo controlado para poder relajarte.
- Nunca has meditado: no hace falta.
No es para ti si…
- Buscas que todo te dé igual: aquí se aprende dónde empujar, no a dejar de empujar.
- Esperas una técnica que te resuelva el problema en una tarde.
- Estás atravesando un duelo, una situación de abuso o algo que te desborda: ahí hace falta acompañamiento profesional, y este curso no lo sustituye.
Aceptar una realidad no significa aprobarla, resignarte ante el abuso ni renunciar a pedir ayuda, reclamar o poner límites. Significa dejar de exigir que lo que ya ha pasado no haya pasado, y elegir la respuesta que sí es posible.
Quién te lo cuenta
Soy Nacho Luque
Llevo doce años dando clase de mindfulness. Por mis cursos han pasado más de 4.000 personas.
Esta es una de las prácticas reflexivas más potentes que conozco. Y no te voy a dar una técnica para copiar: lo que a mí me funciona con mi hijo seguramente no te funcione a ti. Lo que te llevas es una forma de encontrar tu propia hoja de ruta.
Lo grabé en directo, con un grupo pequeño que traía sus propios problemas a la mesa. Por eso dura lo que dura: no es una charla, es una sesión de trabajo.
Elige cómo verlo
Dos formas de entrar
El Club de Mindfulness
- Este curso, entero, si entras antes del 1 de enero de 2027.
- Su manual práctico en PDF, de 15 páginas, con el cuaderno de siete días.
- Las meditaciones y los directos del Club.
- Tu cuota se acumula como saldo a tu favor para retiros, encuentros y cursos.
Sin permanencia. Cancelas cuando quieras.
Desde el 1 de enero de 2027, a cada socio nuevo le entran los cursos express que se graben a partir de su alta; los anteriores, como este, se compran sueltos.
Solo este curso
- La grabación completa del curso: 2 h 41 min.
- Para verla a tu ritmo, cuando te venga bien.
Preguntas
¿Es en directo?
No. Es la grabación de una sesión que di en directo: 2 horas y 41 minutos de trabajo real con un grupo. La ves cuando quieras.
¿Necesito haber meditado antes?
No. La práctica es contar respiraciones con los ojos cerrados, al alcance de cualquiera aunque sea su primera vez.
¿Aceptar no es resignarse?
No. Aceptar es dejar de pelearte con lo que ya ha pasado o con lo que no puedes cambiar ahora. Reclamar, poner límites o pedir ayuda siguen siendo opciones, y muchas veces están justo en tu zona de control.
¿Con qué problema empiezo?
Con uno pequeño y cotidiano. No te vayas a los grandes temas de tu vida: elige la última vez que algo te tocó las narices esta semana y trabaja con eso.
¿Qué diferencia hay entre el Club y comprarlo suelto?
Suelto tienes este curso. En el Club lo tienes con su manual en PDF y con todo lo demás del Club, por 15 € al mes y sin permanencia.
La próxima vez que notes que estás removiendo el agua
Vas a sentir el impulso de insistir, de discutir otra vez lo mismo, de repasar por enésima vez lo que tendrías que haber dicho.
Esta vez puedes hacer otra cosa: parar, preguntarte qué quieres de verdad y en qué zona está… y poner tu energía donde sí sirve.
Haz tu parte. Y deja de remover el agua.
