Mindfulness para desactivar el piloto automático
Un piloto de avión medita con los ojos cerrados en la cabina, mientras dos leonas se asoman a cada lado de los mandos

Curso express · grabado en directo

Estás aquí. Tu cabeza, en la reunión de mañana.

Mindfulness para desactivar el piloto automático

Comes, paseas o hablas con tu hijo mientras tu mente resuelve otra cosa: lo que salió mal, lo que podría salir mal. Y la vida que tienes delante pasa sin ti. No necesitas apagar la mente. Necesitas recuperar el interruptor, para elegir cuándo piensas y cuándo vives lo que tienes delante.

2 h 43 minNacho LuquePrácticas de cinco minutos

¿Te suena?

Tu vida pasando. Tu atención, en otra parte.

Las once de la noche La reunión es mañana. Ya lo preparaste todo. Pero tu cabeza sigue reproduciendo objeciones, caras y respuestas. Tienes dos opciones: dormir o pasarte la noche dándole vueltas. Y mañana, a la reunión, llegas cansado.
Dos semanas antes Tu pareja te dice que hay comida de Navidad con sus compañeros. «No les caigo bien», piensas. Dos semanas buscando excusas. Luego vas y lo pasas mal. Y al volver, te machacas por haber ido. La misma comida, sufrida tres veces.
En la barra, esperando el café Llevas dos minutos y no te atienden. Al que llegó después ya le están poniendo el suyo. Cinco minutos alimentando la injusticia. El café te sienta mal… y lo que venga después del café, también.

Nada de esto es un drama.
Pero es un goteo continuo,
y el goteo es lo que te va cargando.

Un viaje a Gibraltar

Dos Nachos en el mismo coche

El día antes de grabar esta clase fui en coche a Gibraltar con mi hijo. Ya no es un crío, y las conversaciones son cada vez más profundas. Fui todo el viaje atento a lo que me contaba, entendiendo su punto de vista, disfrutándolo.

Mientras tanto, había otro Nacho conduciendo. Curvas, velocidad, distancia, frenar, adelantar. Todo eso lo iba resolviendo en automático, sin pedirme atención.

Eso es el piloto automático. Y es una maravilla.

Gracias a él llegué sano y salvo y, además, disfruté de la conversación. El problema no es tenerlo. El problema empieza cuando aparece una rotonda.

Lo que vas a entender

La rotonda y el efecto túnel

Imagina que entras en una rotonda con muchas salidas, sin navegador, y tu destino no aparece en ningún cartel. «Espera un segundo», le dices a tu hijo. Bajas la música. Te acercas a la ventanilla. Toda tu atención se va al problema. Tiene sentido: un problema nuevo necesita recursos.

Das una vuelta. Otra. La intensidad sube y el campo se estrecha: ya solo ves la rotonda. Hasta que encuentras la salida y sueltas el «uff».

Lo grave viene después. Sales de la rotonda, pero en vez de volver a la conversación, tu mente empieza a anticipar: «¿y si hay más rotondas?». Y aunque el problema esté resuelto, sigues sosteniéndolo. Cada minuto ahí es un minuto que le robas a lo que estás viviendo.

La rotonda y el efecto túnel: una rotonda nueva lleva a un túnel de rumiar más de lo mismo, frente a mirar el conjunto
Ilustración del manual del curso

El consejo de siempre

«Deja de darle vueltas». «Vive el presente».

Muy bonito. Pero tienes una hipoteca, un trabajo y cosas que planificar. Esto no va de que todo te dé igual y te conviertas en un filete empanado.

Va de algo más concreto: somos muy malos haciendo dos cosas a la vez. Si sales a pasear y te pones a darle vueltas a la reunión, ni disfrutas del paseo ni resuelves la reunión.

O vuelves al paseo, o te sientas en un banco a pensar. Las dos valen. Lo que no vale es quedarte a medias.

Rumiar es dar vueltas a la rotonda sin bajarte del coche, desde dentro del problema. Reflexionar es parar en el arcén y mirar las salidas desde fuera. El tema es el mismo; la forma, no.

La idea central

Modo hacer y modo ser

El modo hacer es tu mente como solucionadora de problemas. Funciona en segundo plano, como el antivirus del ordenador: escaneándolo todo. Es imprescindible para organizar, estudiar o reparar.

Pero cuando trabaja sin encargo, viaja al futuro («¿qué será de mí?») o al pasado («¿y si hubiera…?»), huye o lucha, y convierte lo que pensabas en «la realidad». Y si en algún momento no tienes problemas, se pone a resolver los de los demás.

El modo ser no es dejar de pensar. Es volver a la experiencia que está ocurriendo ahora. Si llega una rotonda, ya te ocuparás de ella cuando llegue. Ahora estás hablando con tu hijo.

Lo que vas a entrenar es el interruptor entre los dos. Para que no sea el problema el que decida por ti.

El interruptor entre dos modos: modo hacer (automático, pensar, luchar, recurso) y modo ser (consciente, experiencia, permitir, necesidad). Puedes cambiar
Ilustración del manual del curso

El mecanismo

El trofeo pequeño y el gran premio

El modo hacer se aferra al recurso como si fuera el destino. Le gritas a tu hijo para que se calle, y se calla. Recurso conseguido.

Pero se va a su habitación y en casa no hay buen ambiente, que era lo que de verdad querías. Te has llevado el trofeo pequeño y te has quedado sin el gran premio.

Lo mismo con no ir a la comida: consigues no exponerte, pero esas comidas te van a seguir incomodando siempre. Cuando una herramienta te da el alivio de ahora y te aleja de lo que necesitas, toca buscar otra ruta.

Y a veces, al bajar a la experiencia, descubres algo más: que lo que pensabas no era la realidad. Era tu realidad.

Recurso y necesidad: usar siempre el mismo martillo frente a preguntarse qué necesito y elegir la herramienta ajustada
Ilustración del manual del curso

Qué hay dentro

Lo que vas a aprender

  1. Dos versiones de ti en el mismo coche. Para qué sirve el piloto automático y cuándo deja de ayudarte.
  2. La rotonda y el efecto túnel. Qué le pasa a tu atención cuando aparece un problema nuevo, y por qué se queda enganchada después.
  3. Pensamiento o experiencia: elige una. Cómo decidir si vuelves a lo que estabas haciendo o te paras a reflexionar.
  4. Rumiar o reflexionar. La diferencia no está en el tema, sino en si das vueltas desde dentro o miras desde fuera.
  5. Modo hacer y modo ser. Sus rasgos, cómo reconocer en cuál estás y cómo cambiar.
  6. Mi realidad no siempre es la realidad. Cómo tu mente convierte una experiencia antigua en un pronóstico, y cómo comprobarlo sin forzarte.
  7. Necesidad, deseo y recurso. Para no ganar la batalla y perder lo que de verdad querías.
  8. Los cinco sentidos como punto de retorno. Dos prácticas de pocos minutos para entrenar el interruptor en tu día a día.

Lo que haces después

Gimnasios pequeños, sin tiempo nuevo

Nada de meditaciones de una hora. En la clase lo probamos con un alimento: describirlo solo con lo que ves, tocas, oyes, hueles y saboreas, sin etiquetas. Y descubrimos lo de siempre: «yo no me tomo el turrón porque no me gusta» muchas veces es lo que te cuentas, no lo que pruebas.

Una comidaMedia tostada o un café con los cinco sentidos. Unos minutos.
Una rutinaHacer la cama, lavarte los dientes, sacar la basura. La misma, siete días.
Un anclaEsperando el café o el metro: un sentido, cinco minutos.
Una pregunta¿Te alegras de haberlo hecho? ¿Y a qué te refieres?

No necesitas tiempo nuevo: añades el ingrediente de la conciencia al tiempo que ya existe. Es como subir una montaña: parar de vez en cuando no la hace más baja, pero te permite llevar de otra manera la cuesta.

Volver con los cinco sentidos: del piloto automático a la experiencia, con ver, oír, oler, tocar y saborear apuntando al aquí
Ilustración del manual del curso

Antes de decidir

Para quién es, y para quién no

Es para ti si…

  • Haces las cosas con la cabeza en otro sitio: comes, paseas o hablas mientras resuelves otra cosa.
  • Te anticipas tanto a lo que puede pasar que lo sufres antes de que pase.
  • Resuelves un problema y tu mente sigue dándole vueltas como si no.
  • Te cuesta disfrutar incluso de los ratos buenos.
  • Te viene mejor entrenar en cinco minutos que en una hora.

No es para ti si…

  • Buscas que todo te dé igual: aquí se aprende a elegir, no a desentenderse.
  • Esperas que haga desaparecer un problema grande, como un duelo o una separación. No lo hará; te puede ayudar a darte un respiro cuando tú lo elijas.
  • La ansiedad o la preocupación no te dejan vivir: ahí el trabajo se adapta con ayuda profesional, y este curso no la sustituye.

Estas prácticas no son para ignorar peligros, decisiones urgentes o problemas que necesitan acción. Cuando algo requiere reflexión, detente y reflexiona. La clave es elegir.

Nacho Luque

Quién te lo cuenta

Soy Nacho Luque

Llevo doce años dando clase de mindfulness. Por mis cursos han pasado más de 4.000 personas.

Para mí, este es el curso de la base: aprender a mover el interruptor entre el modo hacer y el modo ser es lo que sostiene todo lo demás. Lo importante no es lo que pasa; es cómo te relacionas con lo que pasa.

Lo grabé en directo, con un grupo que participaba, que compartió conclusiones en salas pequeñas y que hizo conmigo la práctica del alimento. Es una sesión de trabajo, no una charla.

Elige cómo verlo

Dos formas de entrar

La que te recomiendo

El Club de Mindfulness

15 € al mes
  • Este curso, entero, si entras antes del 1 de enero de 2027.
  • Su manual práctico en PDF, de 15 páginas, con la rutina de siete días y una ficha para cada ejercicio.
  • Las meditaciones y los directos del Club.
  • Tu cuota se acumula como saldo a tu favor para retiros, encuentros y cursos.
Portada del manual: Aprender a salir del piloto automático Página del manual: La rotonda y el efecto túnel Página del manual: Cinco sentidos como punto de retorno
Entrar al Club por 15 €

Sin permanencia. Cancelas cuando quieras.
Desde el 1 de enero de 2027, a cada socio nuevo le entran los cursos express que se graben a partir de su alta; los anteriores, como este, se compran sueltos.

Solo este curso

9 € una vez
  • La grabación completa del curso: 2 h 43 min.
  • Para verla a tu ritmo, cuando te venga bien.
Comprar solo este curso por 9 €

Preguntas

¿Es en directo?

No. Es la grabación de una sesión que di en directo: 2 horas y 43 minutos de trabajo real con un grupo. La ves cuando quieras.

¿Necesito haber meditado antes?

No. Las prácticas de este curso son informales: comer, hacer la cama, esperar un café. Lo único que cambia es dónde pones la atención.

¿Voy a dejar de pensar en mis problemas?

No, y no es la idea. El piloto automático te hace falta. Lo que se entrena es elegir: volver a la experiencia, pararte a reflexionar o actuar sobre un problema real.

¿Cuánto tiempo al día me pide?

Unos minutos. Las prácticas usan momentos que ya existen, como una comida o una rutina, así que no necesitas sacar tiempo nuevo.

¿Qué diferencia hay entre el Club y comprarlo suelto?

Suelto tienes este curso. En el Club lo tienes con su manual en PDF y con todo lo demás del Club, por 15 € al mes y sin permanencia.

La próxima vez que te pilles dando vueltas a la rotonda

Vas a estar en un sitio con la cabeza en otro. En la reunión de mañana, en la comida de dentro de dos semanas, en lo que no dijiste ayer.

Esta vez puedes hacer otra cosa: darte cuenta, elegir, y volver con un sentido a lo que tienes delante. Si el problema necesita pensarse, te sientas en el banco. Si no, sigues paseando.

Cuando como, como. Cuando camino, camino. Cuando duermo, duermo.

La diferencia entre vivir tu vida y solo estar en ella es un interruptor. Este curso te enseña dónde está.

Esto es para socios del Club

Y algo que casi nadie sabe: la cuota se te acumula como saldo a tu favor, y puedes gastarlo en retiros, encuentros y cursos. No es un gasto que se evapora cada mes.

Hazme socio — 15 €/mes