Curso express · grabado en directo
Con los demás eres paciente. Contigo sacas el látigo.
Mindfulness para transformar tu diálogo interno
Metes la pata y, antes de pensar nada, ya te has dicho «qué desastre». Una sesión corta y práctica para escuchar esa voz y para intuir que puedes hablarte de otra manera. Sin teoría: dos prácticas con los ojos cerrados.
Haz la prueba
Imagina a un niño con un puzle que se le desmorona
Tiene siete u ocho años. Lo intenta una y otra vez, y cada vez que se le cae se enfada más. Lo tienes delante. ¿Qué le dirías?
Ahora el puzle es tuyo. Eres tú quien mete la pata. Escucha lo que te dices: la frase, el tono, la mirada.
Somos excelentes motivando a los demás.
Hacia nosotros mismos, en cambio,
sacamos el látigo. Y en automático.
La buena noticia
Ya sabes ser amable. Solo te falta conducir por el otro carril.
Si te vas a vivir a Inglaterra o a Nueva Zelanda, sabes conducir, pero no por la izquierda. No tienes que aprender a conducir desde cero: solo a hacerlo por el otro lado.
Con la amabilidad pasa igual. Si no supieras ser amable, tendrías dos problemas: aprender a serlo y aprender a serlo contigo. Pero ya sabes. Se te da muy bien con los demás.
Lo único que tienes que aprender es a dirigirla hacia ti.
El mecanismo
Como el cambio de marcha
¿Recuerdas cuando aprendiste a conducir? Cambiabas de marcha con muchísima atención, pendiente de mil cosas, casi sobreactuando. A base de repetirlo cada día, un poquito cada día, un día lo hacías sin pensar.
Así aprendemos todo: a bailar, a hablar un idioma… y a hablarnos con amabilidad. Es la neuroplasticidad: repeticiones conscientes que acaban convertidas en automatismo.
Hay una diferencia. Cambiar de marcha es obligatorio: sin eso no conduces. Hablarte bien no lo es. Se puede vivir sin hacerlo, y es lo que hace la mayoría. Por eso este entrenamiento tiene que ser más consciente.
Como en el gimnasio: nadie va por la calle haciendo sesenta sentadillas, pero allí las haces para ganar fuerza. Aquí lo que se entrena es hablarte como le hablarías a aquel niño cuando las cosas te salen mal.
La práctica
Un banco en un parque
La práctica central dura unos quince minutos. Ojos cerrados, y yo te voy contando una historia. Da igual que no hayas meditado nunca: no se trata de meditar bien, sino de meterte en la película.
Después, una pregunta muy simple: ¿te alegras o no de haber hecho esta práctica? Las dos respuestas valen. Lo interesante es lo que quieres decir con ellas.
Lo que escuchas ahí no te lo ha contado nadie. Ya lo tenías dentro. Se trata de sacarlo a la superficie y aprender a usarlo.
Lo que vas a entender
Dar vueltas desde dentro, o desde fuera
Vivimos rumiando: dándole vueltas a los problemas desde dentro, metidos en ellos. Es agobiante y aclara muy poco.
Lo que haces en el banco se parece mucho, pero no es lo mismo. Es darle vueltas al mismo problema desde fuera, con más perspectiva y con menos intensidad. Eso es reflexionar. Y cuanto más se entrena, mejor se te da.
Esto no es un don. Es una habilidad.
Qué hay dentro
Lo que te llevas
- Escuchar tu propia voz. Qué te dices, y cómo, cuando las cosas te salen mal.
- Autocrítica frente a autocompasión. Las dos inercias, y hacia dónde se inclina tu balanza.
- El otro carril. Por qué no tienes que aprender a ser amable, solo a serlo contigo.
- Entrenar un automatismo nuevo. Repetición consciente, un poco cada día.
- La práctica del banco. Hablarle al niño que fuiste y escuchar a la persona que serás.
- Reflexionar sin rumiar. Mirar lo que te pesa desde fuera.
Antes de decidir
Para quién es, y para quién no
Es para ti si…
- Animas a todo el mundo, pero contigo eres implacable.
- Cuando te equivocas, lo primero que aparece es un «qué desastre».
- La palabra «autocompasión» te suena rara, o un poco blanda.
- Quieres probarlo antes de comprometerte con nada largo.
- Nunca has meditado: no hace falta.
No es para ti si…
- Buscas un curso largo y completo: esto es una sesión corta, una degustación.
- Quieres teoría sobre la autocompasión: aquí casi no hay, son dos prácticas.
- Esperas cambiar tu voz interior en una tarde: esto se entrena con el tiempo.
La práctica trabaja con un recuerdo de tu infancia. Si nunca has hecho este tipo de trabajo, no vayas directamente al recuerdo más duro que tengas: elige algo más sencillo. Si lo pasas mal, sal de la práctica, bebe un vaso de agua y date un momento. Y si hay un trauma de por medio, ese trabajo se hace con ayuda profesional: esta sesión no la sustituye.
Quién te lo cuenta
Soy Nacho Luque
Llevo doce años dando clase de mindfulness. Por mis cursos han pasado más de 4.000 personas.
En otoño siempre me apetece trabajar la autocompasión. Esta sesión la grabé en directo con un grupo, la mitad gente que ya me conocía y la otra mitad, nueva. Escribieron sus frases en el chat, hicieron la práctica y luego la comentaron en grupos pequeños.
Es corta a propósito. La idea es que te lleves la intuición de que esto tiene sentido y de que se te podría dar bien.
Elige cómo verlo
Dos formas de entrar
El Club de Mindfulness
- Este curso, entero, si entras antes del 1 de enero de 2027.
- Las meditaciones y los directos del Club.
- Tu cuota se acumula como saldo a tu favor para retiros, encuentros y cursos.
Sin permanencia. Cancelas cuando quieras.
Desde el 1 de enero de 2027, a cada socio nuevo le entran los cursos express que se graben a partir de su alta; los anteriores, como este, se compran sueltos.
Solo este curso
- La grabación completa del curso: 51 min.
- Para verla a tu ritmo, cuando te venga bien.
Preguntas
¿Es en directo?
No. Es la grabación de una sesión que di en directo: 51 minutos con un grupo. La ves cuando quieras.
¿Necesito haber meditado antes?
No. Lo que se hace es una reflexión y una visualización con los ojos cerrados. Si te distraes, que te va a pasar, vuelves a la historia con calma.
¿Tengo que contar mis recuerdos?
No. Es un trabajo privado: no hay que contarlo ni escribirlo.
¿Por qué es tan corto?
Porque es una degustación. No pretende que aprendas a hablarte de otra manera en una tarde, sino que notes que es posible y por dónde empezar.
¿Puedo comprarlo suelto?
Sí: 9 €, una sola vez, y es tuyo para siempre. En el Club lo tienes con todo lo demás, por 15 € al mes y sin permanencia.
La próxima vez que metas la pata
Vas a oír la voz de siempre. Rápida, automática: «qué desastre».
Esta vez puedes hacer otra cosa: notarla, y preguntarte qué le dirías a aquel niño del puzle. Y decírtelo a ti.
Ya sabes hablar con cariño. Ahora toca hacerlo por el otro carril.
