Mindfulness para acallar los pensamientos intrusivos
Una mujer se sujeta la cabeza rodeada de palabras como trabajo, dinero, familia, salud y estrés, mientras un león ruge a su lado: acallar pensamientos intrusivos, rumiativos y dramáticos

Curso express · grabado en directo

Tu mente te avisa de un león. Casi siempre era el viento.

Mindfulness para acallar los pensamientos intrusivos

Para cuando tu cabeza monta una película con dos datos, tu cuerpo se la cree entera y tú acabas actuando en caliente. No vas a aprender a pensar en positivo. Vas a aprender a darle a tu mente lo que le falta cuando se dispara: más información.

2 h 23 minNacho LuqueSin experiencia previa

¿Te suena?

Un detalle pequeño. Una película enorme.

Las seis y media Habías quedado a las seis. Ni una llamada, ni un mensaje. Tu mente no necesita más: «esto es una falta de respeto». Escribes «desde luego, qué poca vergüenza» y le das a enviar. La tarde ya está arruinada, y la otra persona ni siquiera ha llegado.
En la puerta del despacho Vienes de discutir delante de todo el mundo. Sale un compañero, muy serio: «No me paro, que llevo prisa». Te pasas la tarde rumiando que se ha puesto del otro lado. Esa misma tarde te enteras de que lo acababan de despedir. Tu enfado se cae en un segundo. No ha cambiado nada, salvo que ahora sabes más.
Diez minutos después Contestaste en caliente. Ya en frío lo ves de otra manera: «me he pasado, no era para tanto». Y ahora te toca vivir con lo que dijiste, y con la vocecita que te lo recuerda toda la noche.

No es que pienses demasiado.
Es que tu mente decide con muy poca información,
y lo decide antes de que puedas pararla.

Así los describió el grupo

«Menudo compañero de viaje»

Empecé la clase con una pregunta: si tuvieras que describir tus pensamientos en esos momentos chungos, como si hablaras de una persona, ¿qué dirías?

Salió esto: intrusivos, recurrentes, irreales, catastrofistas, dramáticos, negativos, anticipatorios, abrumadores, poco compasivos. Y alguien lo resumió mejor que nadie: «un mono que va de rama en rama como un loco, sin que nadie lo controle».

Imagina hacer un viaje entero con alguien así. Pues con ese vamos todos los días.

La mala noticia: echarlo del coche es casi imposible. Y tampoco sería sano, porque tu cerebro es una máquina de supervivencia y esas alarmas existen por algo. La buena: puedes aprender a viajar con él sin que te arrastre.

El consejo de siempre

«Piensa en positivo». «No le hagas caso».

Lo intentas. Te viene el pensamiento del león y te dices: «no, voy a pensar que es un conejo». Y tu mente, a correr.

Hay una razón. Cuando decides conscientemente, se estima que procesas unos 50 bits por segundo. Lo que decide por debajo, sin que te enteres, va a unos 11 millones.

Cincuenta tirando de una cuerda contra once millones. Ese pulso no lo ganas.

Por eso este curso no intenta tapar ningún pensamiento, ni cambiar uno negativo por uno positivo. Hace otra cosa, mucho más humilde y mucho más eficaz: meter más información en la ecuación. Con más información, tu propia mente genera otra versión de lo que está pasando. Sola. A su velocidad.

Lo que vas a entender

Mejor pensar que es un león y que sea el viento

La gacela está pastando y suena un arbusto. Puede ser el viento, un conejo, otra gacela… o un león. De todas las opciones, a su mente solo le interesa una: el león. Porque solo pensando en el león sale corriendo.

Si piensa que es el viento y es un león, pierde la vida. Si piensa que es un león y es el viento, habrá hecho el canelo, pero no habrá perdido la vida.

Por eso tu mente es negativa, se adelanta y repite el aviso una y otra vez, como la lucecita de la gasolina, que no se enciende una vez y se apaga: se queda fija. Todo eso, para sobrevivir, son ventajas.

En la sabana, el que antes corre, sobrevive. En una discusión, el que antes corre es al que peor le va.

En lo afectivo, en lo social, en lo emocional, nadie te persigue. Ahí te puedes permitir el lujo de ir despacio. Solo hay que aprender cómo.

El mecanismo

El atajo que te deja sin datos

Para estar segura de que hay un león, la gacela necesitaría comprobar una lista entera: la hora, la luz, la quietud, los olores, el ruido… Si espera a completarla, se la comen. Así que aprende un atajo: con tres señales, da el resto por hecho.

A ti te pasa igual. Treinta minutos de retraso y ningún mensaje: con eso tu mente ya ha escrito «falta de respeto». Le faltan muchísimos datos. ¿Le ha pasado algo? ¿Habíais quedado de verdad a esa hora? ¿Lleva media hora dando vueltas para aparcar?

Y encima, ese atajo no es neutral: depende de cómo llegas. Si vienes de una discusión, el «no me paro, que llevo prisa» de tu compañero te suena a ataque. Si vienes de que te feliciten, te suena a que tiene prisa. El mismo hecho, dos películas.

En caliente, poca información. En frío, todos somos grandes gurús.

Lo que vas a entrenar es justo eso: llevar al momento caliente un poco de lo que solo ves en frío.

Qué hay dentro

Lo que vas a aprender

  1. Por qué no te vas a quitar estos pensamientos. Y por qué no hace falta: el problema no es el pensamiento, es lo que dispara en tu cuerpo.
  2. Los pensamientos duelen. Un experimento de un minuto para notar cómo una sola idea te provoca una presión o un pellizco en el cuerpo sin moverte de la silla.
  3. Negativos, anticipatorios, recurrentes. Para qué sirve cada rasgo de tu mente y por qué, en lo emocional, se te dan la vuelta.
  4. La culpa, el momento uno y el momento dos. Por qué te machacas ahora con una información que entonces no tenías.
  5. Los atajos mentales. Cómo tu mente decide con tres datos y por qué tu estado previo cambia la película entera.
  6. La pausa de los tres tiempos. Darte cuenta, frenar y añadir información, en un minuto, en mitad de la situación real.
  7. Las preguntas que añaden información. Las que desinflan un pensamiento sin pelearte con él.
  8. Pensar en frío y ensayar en caliente. Una práctica para reflexionar sin rumiar y una meditación para ensayar otra versión de tu respuesta.

La práctica central

Un minuto. Tres tiempos.

Cuando notas en el cuerpo que algo te ha sentado mal, te quitas de en medio un momento. En una reunión, al baño: el cuarto de baño es supersocorrido para esto. Una o dos respiraciones más conscientes, y entras.

Primer tiempoDarte cuenta. Qué ha pasado de verdad, qué emoción es (con nombre, no «mal»), qué te dice tu mente y dónde lo notas en el cuerpo.
Segundo tiempoFrenar. Sentir la exhalación. Seis respiraciones: no llega a un minuto. Para inhalar haces esfuerzo; para exhalar, solo sueltas.
Tercer tiempoAñadir información, con preguntas. Es el ingrediente que cambia el plato sin que tengas que hacer nada más.
Y salesA la misma situación, pero con otra información. Y con ella, la posibilidad de una respuesta distinta a la de siempre.

Y una frase para el primer tiempo que yo me tatuaría (de hecho, algún día me la tatuaré):

«Esto que ocurre me hace sentir… porque pienso que…»

Lo que va detrás del «porque pienso que» es el título de tu película. Ahí está el pensamiento que lo está liando todo.

El tercer tiempo

Una pregunta que me hago desde pequeño

En el tercer tiempo no se discute con el pensamiento. Se le pregunta. Estas son algunas de las que trabajamos:

¿Seguro? Tu mente te ha dicho que es un informal. ¿Seguro? A veces, con solo preguntarlo, ya dices «espera, espera».
¿Vengo condicionado? ¿Cómo ibas antes de que pasara? ¿Una mala semana, una preocupación, el corte de estar solo en la barra de un bar?
¿Qué es lo peor que puede pasar? Esta me la hacía yo desde pequeño. Esperando media hora, lo peor es tomarte una cerveza tú solo. Cuando el peor escenario no es tan dramático, la inercia baja.
¿Qué necesito de verdad? Había quedado para pasar un rato agradable, no para que me respeten. Si me pongo a trabajarme el respeto ahora, ni lo consigo ni me tomo la cerveza.
¿Está en mi zona de control? Lo que le pase al otro, no. Mi actitud, sí.

Con el tiempo te harás las tuyas. Hacerte estas preguntas te enseña cómo funciona tu cabeza, y eso sirve para que no te tome el pelo.

Por qué se queda

El aparcamiento de Triana

Si vienes a verme a Triana, sabes que aparcar es muy difícil. Imagina que te digo: «métete por la calle de atrás; al final hay una plaza donde siempre hay sitio».

Eso es información. La segunda vez que vengas, pruebas, y hay sitio. La tercera, ya no lo piensas: vas directo. Has convertido lo que te contaron en algo que sabes por experiencia.

El curso funciona igual. En frío, reflexionas sobre una situación que se te repite: dando un paseo, en la cola del Mercadona, con un cuaderno. Después, en una meditación guiada, la revives como una película, la pausas, buscas información y ensayas otra versión de tu respuesta. Y cuando la situación vuelve, la pausa de los tres tiempos te permite recordarla.

No es magia. Es como el gimnasio: apuntarse está bien, pero hay que ir.

Antes de decidir

Para quién es, y para quién no

Es para ti si…

  • Te montas películas con dos datos y luego te arrepientes de cómo reaccionaste.
  • Le das vueltas a lo mismo una y otra vez, sobre todo cuando algo te ha sentado mal.
  • Te machacas por lo que hiciste, como si entonces hubieras sabido lo que sabes ahora.
  • Ya has probado a «no hacer caso» o a «pensar en positivo», y no te dura.
  • Nunca has meditado: no hace falta saber meditar para esto.

No es para ti si…

  • Buscas dejar de tener pensamientos: aquí se aprende a relacionarte con ellos de otra manera.
  • Esperas una técnica que funcione sin practicarla.
  • Tus pensamientos intrusivos son muy intensos, te obligan a repetir rituales o comprobaciones, o vienen con una ansiedad o un ánimo que te desbordan: ahí el trabajo se adapta con ayuda profesional, y este curso no la sustituye.

Añadir información no es justificarlo todo. Si una situación te daña o te pone en riesgo, la prioridad es protegerte y pedir ayuda.

Nacho Luque

Quién te lo cuenta

Soy Nacho Luque

Llevo doce años dando clase de mindfulness. Por mis cursos han pasado más de 4.000 personas.

Siempre digo que el pensamiento está sobrevalorado. El problema no es lo que piensas: es lo que eso dispara en tu cuerpo, en tus emociones y en lo que haces después. Por ahí empieza este curso.

Lo grabé en directo, sin guion cerrado, con un grupo que participaba, preguntaba y ponía sus propios ejemplos en la pizarra. Por eso dura lo que dura: es una sesión de trabajo, con sus tres prácticas.

Elige cómo verlo

Dos formas de entrar

La que te recomiendo

El Club de Mindfulness

15 € al mes
  • Este curso, entero, si entras antes del 1 de enero de 2027.
  • Las meditaciones y los directos del Club.
  • Tu cuota se acumula como saldo a tu favor para retiros, encuentros y cursos.
Entrar al Club por 15 €

Sin permanencia. Cancelas cuando quieras.
Desde el 1 de enero de 2027, a cada socio nuevo le entran los cursos express que se graben a partir de su alta; los anteriores, como este, se compran sueltos.

Solo este curso

9 € una vez
  • La grabación completa del curso: 2 h 23 min.
  • Para verla a tu ritmo, cuando te venga bien.
Comprar solo este curso por 9 €

Preguntas

¿Es en directo?

No. Es la grabación de una sesión que di en directo: 2 horas y 23 minutos de trabajo real con un grupo. La ves cuando quieras.

¿Necesito haber meditado antes?

No. No hay que saber meditar para esto. La meditación del curso es guiada y la pausa dura un minuto.

¿Me va a quitar los pensamientos intrusivos?

No, y desconfía de quien te lo prometa. Quitárselos es casi imposible y tampoco sería sano. El objetivo es que te arrastren menos: añadir información para que tu mente pueda contarte otra versión.

¿Sustituye a una terapia?

No. Si los pensamientos son muy intensos, te llevan a rituales o te desbordan, este trabajo se adapta con ayuda profesional. Buscar ese apoyo también es añadir información.

¿Qué diferencia hay entre el Club y comprarlo suelto?

Suelto tienes este curso. En el Club lo tienes junto con todo lo demás del Club, por 15 € al mes y sin permanencia.

La próxima vez que suene el arbusto

Vas a notar el pellizco en el cuerpo. Vas a sentir el impulso de contestar, de escribir ese mensaje, de darle la razón a tu mente.

Tienes dos opciones. Seguir corriendo por la sabana cada vez que se mueve un arbusto. O parar un minuto, sentir cómo sale el aire… y preguntarte: «¿seguro?».

El problema no es el pensamiento. Es la información que le falta.

Esto es para socios del Club

Y algo que casi nadie sabe: la cuota se te acumula como saldo a tu favor, y puedes gastarlo en retiros, encuentros y cursos. No es un gasto que se evapora cada mes.

Hazme socio — 15 €/mes