Iniciación a la Meditación: Descubre la Calma y el Poder de Parar
Una mujer medita sentada en la sabana al atardecer junto a un gran león tranquilo

Curso express · grabado en directo

Durante diez segundos, no pienses en el nombre de tu madre.

Iniciación a la meditación: descubre la calma y el poder de parar

¿Lo has pensado? Normal. Por eso no te salía lo de «dejar la mente en blanco». Un curso para quien nunca ha meditado, o lo intentó y concluyó que no era para él. Meditar es mucho más simple de lo que te han contado.

2 horasNacho LuquePara quien nunca ha meditado

¿Te suena?

La carrera no para. Ni siquiera de noche.

Las once y media de la noche Te metes en la cama para descansar. Y la cabeza sigue: la reunión de mañana, la conversación pendiente, el problema que no se arregla. Estás agotado y no te duermes. El cuerpo está tumbado. Tú sigues dando vueltas a la pista.
Los diez minutos que te habías reservado Te sientas a meditar porque te lo han recomendado. Al minuto, tu mente te recuerda todo lo que tienes pendiente. El vecino hace ruido. Los diez minutos se convierten en un suplicio, y sacas la conclusión: «esto no es para mí».
Cinco minutos después de discutir Era un drama. Al día siguiente lo ves y piensas: tampoco era para tanto. Pero en aquel momento, desde dentro, no había forma de verlo.

No es que no sepas meditar.
Es que te dijeron que meditar era dejar la mente en blanco.

El mito de siempre

«Pon la mente en blanco».

Si pudiéramos apagar un pensamiento, sería un chollo: llegaría la noche, apagarías la reunión de mañana y dormirías plácidamente.

Pero no funciona así. La gacela que oye un ruido en el arbusto no puede decidir «voy a pensar que es un conejo». Le va la vida en ello. Tu cerebro no te sabotea: te avisa. Y cuanto más intentas tapar un pensamiento, más fuerza gana.

La idea no es que los pensamientos desaparezcan. Es aprender a convivir con ese ruido sin hacerle tanto caso.

Como con el niño pesado que no para de hablarte: si le contestas a todo, te pones más nervioso. Si lo dejas estar, acaba aburriéndose.

Lo que vas a entender

La moneda en el fondo de la fuente

Vas a beber agua a una fuente y se te cae una moneda. El impulso es meter la mano y removerlo todo para recuperarla. Y cuanto más remueves, más turbia se pone el agua.

Si paras, el agua se va aclarando sola. Y entonces ves dónde está la moneda. Y a veces, de paso, te das cuenta de que eran cinco céntimos.

Meditar es eso: no hacer nada. Simple. Otra cosa es que sea fácil.

Como correr: un pie, luego el otro. No hay nada más simple. Pero si no estás en forma, a los cuatro minutos tu mente te pide que pares. Meditar es el deporte al revés: tu mente te pide que corras, y tú te quedas.

El mecanismo

Entrar en boxes

Una carrera de Fórmula 1 consiste en dar muchas vueltas a la pista. Puedes llevar el mejor coche, los mejores neumáticos, el mejor combustible. Da igual: si no entras en boxes, no terminas la carrera.

Tu día es esa carrera: resolver problemas, uno detrás de otro. Por defecto, entras en boxes por la noche, al dormir. El problema es cuando por la noche sigues dando vueltas a la pista.

Meditar es entrar en boxes unos minutos, cuando tú decides. Los problemas siguen ahí: un problema económico, uno con tu pareja, uno con tu hijo no se arreglan en un día. Pero eso no tiene por qué impedirte parar.

¿Cómo sabes que has entrado? Por lo que llamo el saborcito dulzón: esa sensación de cuando te levantas habiendo descansado de verdad. Si sales de la práctica con ese sabor, has entrado. Si sales con un sabor amargo, has seguido en la pista.

Tres cosas que pasaron de verdad

Aquí nadie medita perfecto

Hay una práctica en la que cuentas las veces que te distraes. El récord lo tiene un grupo de informáticos: 43 distracciones. Y no pasa nada, porque la práctica no va de no distraerse. Va de darse cuenta.

En otra, cuentas respiraciones hacia atrás, del 21 al cero. Al terminar, en otro grupo, una chica me dijo: «Fantástico. No he pasado del 26, pero ha estado fantástico». Del 21 hacia atrás. Pues eso: esa es la idea.

Y yo, que tengo tres hijos, a veces estoy meditando en casa contando respiraciones y empiezan a discutir. Siempre está el del medio. Así que dejo de contar respiraciones y empiezo a contar los gritos del mediano. Uno, dos, tres. Cuando se callan, vuelvo a las respiraciones.

No es cuestión de técnica. Es cuestión de estrategia, y cada uno encuentra la suya.

Qué hay dentro

Lo que vas a aprender

  1. Por qué la mente en blanco no existe. Diez segundos de experimento y dejas de culparte por «no saber meditar».
  2. Parar para ver. La fuente, la moneda y el laberinto visto desde arriba.
  3. Entrar en boxes. Y cómo saber que lo has conseguido: el saborcito dulzón.
  4. La postura elegante. Cómoda, pero no la más cómoda de todas: la que te deja darte cuenta de lo que pasa.
  5. Puntos de anclaje que son puntos de retorno. El roce del aire, el contacto con la silla, la ropa. Y volver a ellos con una sonrisa en vez de con una queja.
  6. Usar el ruido en lugar de pelearte con él. Para que el vecino, los niños o el tráfico dejen de ser la excusa para no parar.
  7. Pedirle pensamientos a tu mente. Al revés de lo de siempre: retarla a que te mande uno, ponerle título y soltarlo.
  8. Una pregunta para terminar. ¿Te alegras de haberlo hecho? Y, sobre todo, explícate por qué.

La práctica

Cuatro prácticas en una tarde

No es una charla. Casi todo el tiempo se medita, en prácticas cortas que van bajando un poco más cada vez.

El ceroCinco minutos visualizando un cero. Cada vez que te distraes, sumas uno.
Del 21 al ceroCuentas respiraciones hacia atrás. Si pierdes la cuenta, vuelves al 21 y sonríes.
Los ruidosLes pones nombre, cuentas los distintos y buscas los silencios entre ellos.
El columpioCon cada inhalación le pides un pensamiento a tu mente. Con cada exhalación, le pones título y lo sueltas.

La de respirar duró veinte minutos de reloj. A alguien del grupo le parecieron diez.

Lo que te llevas

La vecina va a seguir arrastrando muebles

Si lo que te molesta lo puedes cambiar, cámbialo. Si tuvieras un mando a distancia para parar el ruido de la vecina, lo usarías.

Pero si no lo puedes cambiar, te toca cambiar cómo te relacionas con ello. Y en cuanto permites que ese ruido simplemente esté, le quitas casi toda la fuerza que tenía para molestarte.

Ahora cambia «la vecina» por el atasco de la mañana, el jefe o lo que tu mente te cuenta a las once y media de la noche.

Las dificultades siguen siendo las mismas. La vida no se vuelve más fácil. Se vuelve más dulce.

Antes de decidir

Para quién es, y para quién no

Es para ti si…

  • Nunca has meditado y no sabes ni por dónde empezar.
  • Lo intentaste, no conseguiste dejar la mente en blanco y pensaste que no era para ti.
  • Te metes en la cama y la cabeza sigue dando vueltas.
  • Quieres algo práctico, sin teoría ni misterio.

No es para ti si…

  • Ya meditas o has hecho alguna formación conmigo: lo digo en la propia clase, quizá no te aporte nada nuevo.
  • Buscas una técnica para que los pensamientos desaparezcan.
  • Estás ante una ansiedad intensa o un insomnio que no cede: ahí hace falta ayuda profesional, y este curso no la sustituye.
Nacho Luque

Quién te lo cuenta

Soy Nacho Luque

Llevo doce años dando clase de mindfulness. Por mis cursos han pasado más de 4.000 personas.

Y si algo he aprendido es que meditar es muy simple. Lo que pasa es que lo rellenamos de historias y lo complicamos. Esta clase es justo lo contrario: quitarle todo lo que sobra.

La grabé en directo, con un grupo de gente que empezaba. Dos horas que, como en las fiestas en las que estás a gusto, se pasan rápido.

Elige cómo verlo

Dos formas de entrar

La que te recomiendo

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La meditación es el arroz de la paella. El ingrediente principal, sí. Pero con arroz solo no haces paella: luego vienen la práctica, la reflexión y el resto de habilidades. Para eso está el Club.

Preguntas

¿Es en directo?

No. Es la grabación de una sesión que di en directo: dos horas con un grupo de gente que empezaba. La ves cuando quieras.

¿Tengo que conseguir dejar la mente en blanco?

No. De hecho, es lo primero que se desmonta. Los pensamientos van a seguir llegando; lo que aprendes es a no hacerles tanto caso.

¿Y si me distraigo todo el rato?

Bienvenido al club de los 43. La práctica no va de no distraerte: va de darte cuenta y volver. Lo que cuenta es el sabor con el que sales.

¿Y si me duermo?

Fenómeno, es lo que tu cuerpo necesitaba. Hay gente que me llama preocupada porque siempre se queda dormida a los cinco minutos de ponerse mi audio por la noche. Les pregunto: ¿y no te habías apuntado por el insomnio? Pues ya lo has resuelto.

¿Cuánto tiempo al día hace falta?

No hace falta una hora. Cinco o diez minutos al día, como quien toca la guitarra diez minutos cada día: no te conviertes en profesional, pero al cabo de unos meses te tocas una rumba con los amigos.

¿Puedo comprarlo suelto?

Sí: 9 €, una sola vez, y es tuyo para siempre. En el Club lo tienes con todo lo demás, por 15 € al mes y sin permanencia.

Esta noche, cuando la cabeza siga dando vueltas

Vas a notar la carrera: la reunión, lo pendiente, lo que no se arregla.

Esta vez no tienes que apagarla. Puedes bajarte un momento del coche, entrar en boxes y dejar que la carrera siga sin ti unos minutos.

Puedes seguir intentando poner la mente en blanco, esperando el día en que por fin lo consigas. O puedes aceptar que nunca va a estar en blanco y aprender a convivir con el ruido.

Meditar es no hacer nada. Simple. Y se aprende.

Esto es para socios del Club

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