
Hay una diferencia entre pensar un problema y quedarte a vivir dentro de él
Le das vueltas.
Y cuando terminas de darle vueltas,
vuelves a empezar.
No es que no lo hayas intentado.
Lo has intentado de todas las formas
que se te han ocurrido.
Distraerte.
Hablarlo con alguien.
Razonarlo mejor.
Ponerte firme contigo.
Mandarlo a paseo.
A veces funciona un rato.
Luego vuelve.
Y vuelve casi siempre a la misma hora.
De noche,
cuando ya no queda nada que hacer con eso.
Por qué no se va
Porque darle vueltas a un problema
desde dentro no es pensar.
Es rumiar.
Y desde dentro no se ve.
Metido dentro del problema
todo es agobiante y nada se aclara.
Repasas la misma conversación quince veces.
Y a la decimosexta
no entiendes más que a la primera.
Solo estás más cansado.
Es un trabajo que parece trabajo.
Pero no avanza.
Lo que sí avanza es otra cosa.
Se llama reflexionar,
y no es lo mismo.
Reflexionar es mirar el problema
desde fuera, con un método.
Y eso se entrena.
De ahí el nombre de esta masterclass.
El domingo 23
Tu mente confunde lo que interpreta
con lo que pasa.
Y se lo cree en menos de un segundo.
El domingo 23 verás
el momento exacto en que ocurre.
Un pensamiento repetitivo
no aparece porque sí.
Tiene un arranque.
Tiene algo que lo alimenta.
Y tiene un motivo por el que dura
tres horas en vez de tres minutos.
Lo vamos a desmontar por piezas.
Tu cabeza comete siempre los mismos errores
cuando le das vueltas a algo.
Los mismos.
Y un método concreto de reflexión
hace que el ruido pare
y puedas ver el problema tal cual es.
Y la diferencia entre rumiar y reflexionar,
con ejemplos reales.
Parece un matiz de vocabulario.
Es lo que separa una noche en blanco
de una noche tranquila.
Son tres horas.
En directo, con preguntas y con práctica.
La próxima vez que empiece
Porque va a empezar otra vez.
Eso no lo vamos a evitar.
Y quien te diga lo contrario
te está engañando.
Lo que cambia es lo que haces
cuando notas que ha empezado.
En vez de meterte dentro
y dar vueltas hasta las dos de la mañana,
te apartas y lo miras desde fuera.
No es una manera bonita de hablar.
Es una maniobra concreta.
Con sus pasos.
Y se entrena como se entrena
cualquier otra cosa.
Nadie te va a pedir
que dejes la mente en blanco.
Ni que te quites el pensamiento de encima.
Eso es lo que llevas años intentando.
Y es exactamente por lo que acabas
más tenso de lo que empezaste.
Y sabrás notar a tiempo la diferencia
entre estar resolviendo algo
y estar cavando el agujero más hondo.
Que suele ser la misma actividad
con la misma cara.
Luego te queda el manual en PDF
para imprimirlo y trabajarlo con calma.
Cada masterclass tiene el suyo.
Qué cambia si lo practicas
No te voy a decir que serás feliz.
Feliz es una palabra muy grande.
Muy de anuncio.
Duermes mejor,
porque dejas de llevarte el problema a la cama.
Decides antes,
porque dejas de esperar
a tenerlo todo pensado para moverte.
Y te culpas menos.
Porque te das cuenta de que mucho
de lo que te reprochas
es solo una historia que tu cabeza se ha inventado
y que te has tragado sin pestañear.
Eso ya es mucho.
Cuándo es
Domingo 23 de agosto, de 18:00 a 21:00
(hora peninsular), en directo por Zoom.
Si ese día no puedes, no pasa nada.
Queda grabada y la tienes disponible
para verla cuando te venga bien.
Tantas veces como quieras.
Hay 20 plazas en la sala
En el directo se pregunta y se practica.
Y eso solo funciona
si no somos una multitud.
Por eso guardo 20 plazas
para quienes todavía no son socios.
Si se llenan, no te quedas fuera del Club.
Entras igual y ves la grabación completa.
Lo que se agota es el sitio en la sala.
No el mes.
Lo que cuesta, y lo que en realidad estás comprando
15 €.
Pero no estás comprando una masterclass.
Con esos 15 € entras al Club de Mindfulness
durante un mes completo.
Y el Club no es esta sesión.
El Club es abrir el móvil a primera hora
y tener una meditación en directo esperándote.
Y otra a media mañana.
Y otra antes de dormir.
Todos los días de la semana,
a horas distintas,
para que alguna te encaje de verdad
y no tengas que reorganizarte la vida.
Es que todas queden grabadas,
por si ese día no pudiste.
Es entrar en los cursos completos de la plataforma.
En los retos con sus cuadernos de trabajo.
Y en los manuales de las masterclass anteriores,
que te descargas e imprimes.
Y es un botón directo a mi WhatsApp personal.
Contesto yo.
Un mes entero.
Por lo que cuesta una pizza.
Si al terminar el mes te compensa,
no tienes que hacer nada.
Sigues por 15 € al mes,
con una masterclass nueva cada mes
y todo lo demás incluido.
Y si no te compensa,
lo cancelas en un instante.
Sin permanencia y sin llamar a nadie.
Y no empieza el día 23
Empieza cuando entres.
Esta misma noche puedes ponerte
una meditación guiada para dormir.
Mañana a primera hora hay sesión en directo.
Y el manual de la masterclass del mes pasado
—sobre cómo gestionar el miedo—
te lo descargas hoy
y empiezas a trabajar con él esta tarde.
El domingo 23 es la masterclass.
Pero el mes ya ha empezado.
Antes de que lo pienses demasiado
«Es que yo no he meditado nunca.»
Mejor.
Esta masterclass no da nada por sabido.
Y dentro del Club tienes una zona
de primeros pasos hecha exactamente para eso.
«Es que el domingo 23 no puedo.»
Queda grabada.
Y el resto del mes tienes sesiones
en directo casi todos los días.
«Es que ya lo he intentado con otras cosas.»
Probablemente intentaste dejar de pensar.
Esto va de lo contrario: de pensar mejor.
No es lo mismo,
y por eso lo otro no funcionó.
«¿Y si luego no me convence?»
Lo cancelas cuando quieras, tú solo.
En un momento.
No hay permanencia.
Quién te lo cuenta
Soy Nacho Luque
y llevo doce años dando clase de esto.
Por mis cursos han pasado
más de 4.000 personas.
Y cerca de 700 se han molestado
en dejarme cinco estrellas en Google,
que es el único aval que me interesa.
Esto no es motivación ni autoayuda.
Es entrenamiento.
Mindfulness, meditación
y lo que se sabe de cómo funciona una cabeza
cuando se atasca.
Con práctica, con ejemplos reales
y con miles de estudios científicos detrás.
Esta noche
Cuando apagues la luz
va a pasar una de dos cosas.
O le das vueltas otra vez,
hasta que te venza el sueño.
O ya sabes qué hacer con eso.
El problema no es pensar.
El problema es creer demasiado deprisa
todo lo que pensamos.
